Indudablemente, las palabras sustentable, comercio justo, moda ecológica y todo lo que haga referencia a un mundo verde son los términos del momento. En este universo, la ropa orgánica está en ascenso. Cada vez son más los diseñadores que se suben a este carro y confeccionan sus prendas con materias primas inverosímiles. Bambú, fibras de piña, biopolímeros hechos de soya y maíz, cáñamo o sasawashi (material parecido al lino que se fabrica a partir de una hoja japonesa con propiedades antialergénicas y antibacteriales), algodón orgánico y hasta botellas de plástico recicladas son materiales bien vistos por los fans de esta nueva ola.
Los entusiastas de una moda que algunos han bautizado como eco-chic o bio-chic, advierten que el boom va en aumento: el mercado de la moda ética y/o sustentable está creciendo a un ritmo de 30 por ciento anual y ya es parte de las pasarelas internacionales. Esthetica, que ampara marcas ecosustentables, fue lanzada durante la Semana de la Moda en Londres. Por su parte, y presentada por Earth- Pledge (organismo promotor del desarrollo sustentable), FutureFashion participa, desde 2005, en la Fashion Week de Nueva York, en la Green & Gorgeous Week (organizada por la revista House & Garden) y en la Semana ecoStyle. Hoy también existe el Ethical Fashion Forum (http://www.ethicalfashionforum.com/), una creciente red de organizaciones, diseñadores y negocios dedicados a la moda ecológica, que ha lanzado un servicio de consultoría en moda ética y abarca incluso a los consumidores.
La fiebre es tal que marcas como Ciel visten ocasionalmente a luminarias como Cate Blanchett y Sienna Miller. Esto, al tiempo que el número de colecciones “bio” crece. El súbito amor por las fibras naturales no es gratuito. Tan sólo pensemos, por ejemplo, que el cultivo del bambú (uno de los materiales más referidos cuando se habla de moda sustentable) exige cuatro veces menos agua que el algodón tradicional, o que el algodón cultivado orgánicamente no utiliza pesticidas ni abonos químicos. Junto a estos argumentos —que fácilmente conquistan la buena voluntad de diseñador y consumidor— aparecen otros que atraen a esta tendencia a los más aferrados a las fibras sintéticas, sobre todo cuando se enteran de que algunas, como el rayón, liberan toxinas en los ecosistemas, y que el algodón no es lo mejor, ya que su cultivo tradicional contamina el medio ambiente por el uso de grandes volúmenes de pesticidas.
Éstos son los argumentos que han llevado a Dov Charney, de American Apparel, a llamar al algodón “la nicotina de la ropa”, y no le falta razón si se considera que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los pesticidas utilizados en el cultivo del algodón no orgánico producen millones de casos de envenenamiento severo y alrededor de 20 mil muertes al año, la mayoría, por supuesto, en países en desarrollo.
Democratización de la moda verde
Primero fueron los outsiders, es decir, los diseñadores independientes, quienes hicieron suya la estafeta de la moda eco-chic, mientras el resto de la industria observaba la evolución del fenómeno. Sin embargo, los creadores más vanguardistas y las grandes marcas no tardaron en ofrecer en las pasarelas creaciones exclusivas de moda verde. Estas creaciones con firma no estuvieron ni están hoy al alcance de todos los bolsillos. Hablemos, por ejemplo, de Linda Loudermilk, creadora de una lujosa línea eco de ropa y accesorios fabricados exclusivamente con materiales sustentables como soya y sasawashi. O de los pantalones de 240 dólares de dril orgánico concebidos por Rogan Gregory. O del mismo Versace, aficionado al material llamado Ingeo, desarrollado por Cargill a partir de la fibra del maíz. O, finalmente, de marcas que ya cuentan con prendas sustentables como Bill Blass, Diane von Furstenberg, United Bamboo y Behnaz Sarafpour.
A medida que las filas de adeptos a lo verde crece, la moda eco comienza a democratizarse. Tiendas tales como Sam’s Club están a punto de lanzar prendas de algodón 100 por ciento orgánico bajo la marca Chaus, con precios que inician desde los diez dólares. H&M planea también una estrategia parecida para acercar la moda verde a todos los bolsillos. En sus tiendas se verán muy pronto túnicas, leggins y blusas de colores románticos, inspiradas en el mundo vegetal y confeccionadas con algodón orgánico.
Otras marcas reconocidas mundialmente se suman a la tendencia, como Levi’s, que ha lanzado sus versiones “bio” y Levi’s Eco, una colección manufacturada con tejidos orgánicos y un proceso de fabricación menos impactante para el medio ambiente, ya que utiliza algodón orgánico, botones de coco y metal casi sin tratar.
Algunos fabricantes también promueven la ropa interior “sana”. Es el caso de Etam Lingerie y Ekyog, que han unido fuerzas para producir una colección enteramente “bio” a partir de bambú, lino y algodón orgánico. El calzado no queda fuera del catálogo, la marca brasileña Veja cuenta ya con las primeras zapatillas deportivas manufacturadas bajo la bandera del comercio justo (que significa que quienes las fabrican reciben tanto salario como trato justos) y con materiales totalmente naturales.
Por ahora, la tendencia ecológica en el vestir apenas inicia en la moda masculina y se concentra sobre todo en la mujer, quizá —y con razón— porque es el sexo femenino el que más prendas compra y, por ende, el que más puede incidir en el tema de la sustentabilidad.
Lo cierto es que la tendencia se fortalece día con día, abriendo incluso nuevos frentes como el reciclamiento de telas y prendas de vestir que ya practican algunos diseñadores. La materia prima está disponible, pues en los países más desarrollados son muchas las toneladas de tela que no se usan y se mantienen, hasta hoy, en los clósets o en los depósitos de basura
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